Polémica por los balcones gastronómicos: bares y restaurantes resisten la decisión municipal de retirarlos
El debate sobre los balcones gastronómicos vuelve a escena en la ciudad de Resistencia. Representantes de bares, restaurantes, hoteleros y del sector inmobiliario manifestaron públicamente su rechazo a la medida anunciada por el Municipio, que pretende retirar las estructuras montadas sobre la vía pública durante la pandemia para sostener la actividad económica. Empresarios advierten que la decisión podría provocar un fuerte impacto en el sector, afectando la rentabilidad y reduciendo las fuentes laborales.
La conferencia de prensa se realizó simbólicamente en uno de los bares que cuenta con estas estructuras, los llamados “balcones gastronómicos”.
«No queremos intermediarios, queremos hablar directamente con el intendente», sostuvo Rafart empresario, quien reconoció la difícil situación que atraviesan los comercios locales. “Es muy triste esta decisión en un contexto de baja de ventas. Lo que pedimos es diálogo. Si algo está mal, que se regule, pero no que se elimine de un plumazo», remarcó.
Los balcones: de la emergencia sanitaria a la disputa actual
Durante la pandemia, la gestión municipal anterior autorizó de manera excepcional la instalación de balcones o decks gastronómicos, estructuras desmontables que permitieron a los locales trabajar al aire libre y con distanciamiento. Fueron una solución de emergencia ante las restricciones sanitarias, pero la habilitación no tenía una fecha de vencimiento explícita, lo que hoy genera controversias.
Según los empresarios, actualmente hay ocho balcones gastronómicos en la ciudad, de los cuales cinco están en el macrocentro. “Los permisos no tenían un plazo específico, sólo se hablaba de una situación extraordinaria por la pandemia. Lo que pedimos es que, si el Municipio considera que son irregulares, que los regule, no que los saque directamente”, explicó Matías Rafart.
¿Espacio público o privilegio?
El debate gira en torno a un eje central: el uso del espacio público. Las veredas y calles son bienes comunes, y muchos vecinos consideran que los balcones representan un privilegio privado en detrimento del resto de la ciudadanía. «Es fácil empatizar con un comerciante, pero no podemos dejar de ver el problema para quienes circulan en moto, en bicicleta o buscan estacionar», reflexionaron desde algunos medios presentes en la cobertura.
Desde el sector gastronómico admiten que las estructuras ocupan parte de la calzada, pero insisten en que no han provocado accidentes y que están dispuestos a adaptarse. «Si el Municipio nos pide colocar un guardarraíl, un cartel luminoso o cualquier otra medida de seguridad, lo vamos a hacer. Pero no queremos que nos corten las piernas», expresó Macarena, dueña de un local con balcón gastronómico.
¿Están asegurados los balcones?
La seguridad es otro punto en discusión. Según los representantes de los bares, la mayoría de los locales cuentan con seguros de responsabilidad civil, aunque no todos pudieron certificar que el seguro cubra específicamente el uso del espacio público sobre la calle. “Mi local está asegurado, pago un seguro médico, pero no sé cómo asegurar un espacio que es técnicamente la calle”, reconoció una de las comerciantes.
El reclamo empresarial: «Queremos reglas claras, no un cambio de un extremo al otro»
Los empresarios remarcaron que, durante la pandemia, los requisitos para abrir un local eran mínimos. «Antes sólo te pedían una constancia de ATP. Ahora no queremos que se pase de un extremo al otro», señaló Macarena. Además, denunciaron trabas burocráticas: “Intentamos regularizar la situación, pero cuando vamos al Municipio no nos dan respuestas claras. Te piden un listado de requisitos, cumplís, y después te dicen que son otros. No se puede trabajar así”.
¿Judicialización o diálogo?
La posición del sector gastronómico es priorizar el diálogo antes de judicializar el conflicto. “Nuestra idea es hablar con el intendente. Si no encontramos una solución, veremos qué camino seguir, pero nadie quiere ir a la Justicia”, aclaró Matías Rafael.
La otra cara de la moneda
Desde algunos sectores sociales y medios locales se plantearon dudas sobre el verdadero alcance del reclamo. “Nos quedó la sensación de que lo que defienden es un privilegio, no un derecho. Mientras tanto, el resto de la población hace malabares para estacionar o moverse por la ciudad esquivando estas estructuras”, se comentó al cierre de la cobertura.
La polémica sigue abierta. La ciudad de Resistencia deberá resolver si los balcones gastronómicos son un atractivo que llegó para quedarse o una solución de emergencia que debe ser desmontada. En el medio, está el desafío de equilibrar la necesidad de sostener los comercios con el respeto al espacio público y la seguridad vial.
