Primer bimestre: la venta de yerba mate superó los 46 millones de kilos
El consumo de yerba mate en Argentina ratificó su solidez en el inicio de 2026. Durante el primer bimestre del año, las ventas totales (sumando el mercado interno y las exportaciones) alcanzaron los 46.961.724 kilos, según datos difundidos por el Instituto Nacional de la Yerba Mate.
El volumen refleja un nivel de actividad sostenido para uno de los productos más representativos del consumo masivo nacional, incluso en un contexto económico desafiante, donde el comportamiento de la demanda suele ser más selectivo.
Al desagregar los datos, se observa con claridad que el consumo doméstico continúa siendo el verdadero motor del sector. De los casi 47 millones de kilos comercializados entre enero y febrero, más de 40,6 millones se destinaron al mercado interno.
Este dato no solo reafirma la centralidad de la yerba mate en la vida cotidiana de los argentinos, sino que también marca la resiliencia de este producto frente a otros rubros de la canasta básica que suelen mostrar caídas en períodos de menor poder adquisitivo.
En términos proporcionales, el consumo interno explica cerca del 86% del total comercializado, una cifra que se mantiene relativamente estable a lo largo de los años y que consolida a la Argentina como el principal destino de su propia producción.

Exportaciones
Por su parte, las exportaciones sumaron poco más de 6,2 millones de kilos en el primer bimestre. Si bien el volumen es considerablemente menor al del mercado local, representa un componente clave para el equilibrio del sector.
La yerba mate argentina continúa expandiendo su presencia en mercados internacionales, especialmente en países de Medio Oriente, Europa y América, donde el consumo crece tanto en comunidades de inmigrantes como en nuevos públicos atraídos por sus propiedades.
Este frente externo no solo aporta divisas, sino que también funciona como una válvula de escape ante eventuales excedentes de producción, ayudando a sostener precios y niveles de actividad en toda la cadena.
Desde el INYM remarcan que el dato de «salida de molinos» es uno de los más precisos para medir el comportamiento del consumo. Este indicador contempla la yerba que se despacha hacia los distintos canales de comercialización supermercados, mayoristas y distribuidores, por lo que se acerca de manera fiel a la dinámica de compra del consumidor final.
En paralelo, el movimiento en la fase primaria también mostró dinamismo. Durante el primer bimestre se procesaron más de 34,5 millones de kilos de hoja verde, lo que evidencia el ritmo de abastecimiento de la industria y la continuidad del circuito productivo.
Preferencias que no cambian
En cuanto a los formatos de venta, el informe confirma una marcada estabilidad en las preferencias de los consumidores. El paquete de medio kilo se mantiene como el más elegido, con una participación superior al 54% en febrero.
En segundo lugar aparecen los envases de un kilo, que concentran cerca del 41% del mercado. Entre ambos formatos reúnen más del 95% de las ventas, dejando en un lugar marginal a las presentaciones de mayor o menor tamaño.
Esta estructura refleja hábitos de consumo arraigados, donde el equilibrio entre precio y rendimiento sigue siendo el principal factor de decisión al momento de la compra.
Un producto que resiste la coyuntura
La fortaleza del consumo de yerba mate no es casual. Se trata de un producto profundamente ligado a la cultura argentina, con presencia en la mayoría de los hogares y un consumo per cápita que se ubica entre los más altos del mundo.
Además de su valor simbólico, la yerba mate conserva una ventaja relativa frente a otras bebidas: su costo por consumo suele ser más bajo, lo que la convierte en una opción accesible incluso en períodos de ajuste económico.
Este factor explica en parte por qué, a diferencia de otros segmentos del consumo masivo, la yerba logra sostener niveles estables de demanda aun en contextos de incertidumbre. La mirada puesta en la zafra
Los datos del primer bimestre son observados con atención por toda la cadena yerbatera, ya que funcionan como un termómetro de lo que puede ocurrir durante el resto del año. En particular, resultan clave en la antesala de la zafra gruesa, que comienza en abril y concentra el mayor volumen de cosecha de hoja verde. Un nivel de consumo sostenido permite proyectar una campaña con menor presión sobre los precios y mejores condiciones para productores e industriales.
