“El alcohol está socializado, pero no deja de ser una sustancia tóxica”
Por Dr. Salvador Cuño, responsable del área de prevención del programa Fortaleza
El alcohol, una droga legal y aceptada socialmente, es una de las sustancias más consumidas en nuestro país y su impacto en la salud física, emocional y social es mucho más grave de lo que muchos imaginan.
“Argentina ocupa uno de los primeros lugares en consumo de alcohol por persona en América Latina”, advirtió Cuño al comenzar su intervención.
El consumo de alcohol ha dejado de ser ocasional o culturalmente asociado a momentos gastronómicos. Hoy, explica el especialista, se ha transformado en un patrón problemático, especialmente entre adolescentes y jóvenes. “Estamos viendo chicos de 11 o 12 años que ya se inician en el alcohol con el único objetivo de ‘darse vuelta’, es decir, de alterar su estado de conciencia”.
¿Por qué se toma tanto alcohol en la Argentina?
La respuesta no es sencilla y, como toda problemática social, tiene múltiples causas. Por un lado, Cuño señala la herencia mediterránea —la costumbre de acompañar las comidas con vino o cerveza—, y por otro, el fenómeno de imitación y validación social: “Cuando los chicos ven que sus padres consumen de manera desmedida en reuniones familiares o sociales, replican ese comportamiento. También está el impulso grupal, el deseo de pertenecer o la búsqueda de desinhibirse para ‘pasarla bien’ en salidas nocturnas”.
Pero lo que comienza como una conducta ocasional puede terminar derivando en una dependencia: “Cuando alguien necesita de una sustancia para divertirse o sentirse bien, ya estamos hablando de un consumo problemático”, subraya el doctor.
El camino del alcohol en el cuerpo
Cuño explicó con claridad el proceso fisiológico que se desata tras la ingesta de bebidas alcohólicas. “El alcohol pasa rápidamente a la sangre y llega al cerebro, donde comienza a adormecer el lóbulo frontal, que es el que regula el juicio, la conciencia y el control social. Por eso, al comienzo, las personas se sienten más libres, desinhibidas. Pero si se sigue tomando, el alcohol afecta otras zonas: se alteran los sentidos, la motricidad, la coordinación, y en niveles extremos puede generar coma alcohólico o muerte súbita”.
Alcohol y otras sustancias: una combinación explosiva
Uno de los puntos más preocupantes que planteó Cuño es el aumento del policonsumo: la mezcla de alcohol con otras drogas como marihuana, cocaína o pastillas. “Muchas veces, los jóvenes combinan alcohol con marihuana para evitar las náuseas o con cocaína para ‘revivir’ cuando ya están muy borrachos y quieren seguir consumiendo. Estas combinaciones aceleran gravemente el daño al organismo”.
También alertó sobre el uso de bebidas energizantes y sildenafil (popularmente conocido como viagra) mezclado con alcohol: “El alcohol y el sildenafil son vasodilatadores. Esa combinación baja la presión arterial y fuerza al corazón, generando riesgo de insuficiencia cardíaca. Es innecesario en jóvenes y altamente peligroso”.
Mitos populares vs. evidencia científica
Uno de los mitos más instalados en nuestra cultura es que es “mejor no mezclar bebidas” o que “una copa de vino al día es buena para el corazón”. Cuño desmiente ambas creencias: “El problema no es si se mezcla cerveza con vino, sino la cantidad de alcohol que se consume en total. Y respecto a los supuestos beneficios del vino, hoy está demostrado que el daño que causa supera ampliamente cualquier beneficio potencial”.
Otra creencia popular que refutó el especialista es la supuesta “tolerancia” de algunas personas al alcohol. “Muchos dicen que tienen ‘cultura alcohólica’ o que están acostumbrados, pero eso no los exime del daño. El 10% de la población tiene predisposición genética al alcoholismo, y aunque haya quienes toleren más, el cerebro sufre igual”.
Las mujeres: más vulnerables al daño
El Dr. Cuño hizo una mención especial al creciente consumo de alcohol entre mujeres jóvenes, especialmente adolescentes. “Las mujeres tienen menos agua corporal, lo que hace que el alcohol se concentre más y actúe más rápido. Además, en la adolescencia puede alterar el ciclo menstrual, y hay un dato alarmante: las mujeres que consumen alcohol con frecuencia tienen un 20% más de probabilidades de desarrollar cáncer de mama”.
Los riesgos que no se ven (hasta que es tarde)
Las consecuencias del consumo abusivo de alcohol no son solo neurológicas o sociales. Cuño repasó un listado de daños clínicos concretos: cáncer de colon, de esófago, cirrosis hepática, úlceras gástricas, deterioro cognitivo, y pérdida de memoria incluso después de una sola noche de consumo excesivo.
“Cada vez que uno bebe alcohol en exceso, destruye células del cerebro. Es así de crudo”, resumió.
El rol de la familia y la prevención
Para el doctor, la clave está en la prevención desde edades tempranas y en la construcción de una cultura del bienestar: “Tenemos que enseñar a nuestros hijos que se puede vivir, disfrutar y compartir sin depender de sustancias. Desde el Programa Fortaleza trabajamos con talleres, charlas y acompañamiento para familias, escuelas e instituciones. La familia tiene que ser el primer agente de prevención”.
Y cerró con una frase contundente:
“Tomar un vaso de vino con el asado no está mal, lo que está mal es naturalizar que cada comida es con una botella. Hay que entender que el alcohol no es inocuo: es una sustancia tóxica y adictiva, aunque esté legalizada y se venda en todos lados”.
📌 Programa Fortaleza:
Es una iniciativa del Gobierno del Chaco, encabezada por la Vicegobernación, que trabaja en prevención, contención y asistencia de consumos problemáticos en jóvenes y familias de toda la provincia.
