Tierra y tacuara: rescatan técnica ancestral que puede cambiar la construcción en Corrientes

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La construcción con materiales industrializados, como el ladrillo y el cemento, requiere un gasto alto de energía en su fabricación y transporte, además de generar un impacto sobre el ambiente. Frente a esta situación, distintos grupos de investigación en el país y en el mundo vuelven a mirar los sistemas de construcción que se usaban antes de la llegada de esos materiales, elaborados con recursos que se consiguen en cada zona.

En el interior de la provincia de Corrientes, las familias construyeron durante generaciones sus viviendas con muros hechos de tierra mezclada con tacuara, una especie de caña que crece en la región. Con el paso de las décadas, esta forma de construir fue quedando de lado frente a los materiales industrializados, y junto con ella se fue perdiendo el conocimiento sobre cómo se hacía.

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Luz Nazareth Barrios, becaria de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNNE (FAU-UNNE), realizó una investigación sobre este tipo de muros. El trabajo se titula «Tecnología y materialidad de muros con tierra y fibras vegetales en viviendas en Corrientes. Ensayos de aproximación a la propuesta de mejoras» y se desarrolla en el Grupo de Investigación de Eficiencia Energética en la Edificación (GIEEE), que depende del Instituto para el Desarrollo de la Eficiencia Energética en la Arquitectura (IDEEA), de la FAU-UNNE. La dirección está a cargo de la doctora Herminia M. Alías, con la codirección del ingeniero Pablo Martina.

El objetivo del trabajo es el de recuperar y poner a prueba este sistema de construcción, no solo como parte de la historia de la región, sino también para conocer su comportamiento frente a la carga y su aporte en términos de ahorro de energía y de recursos.

Recorrido e identificación

Como parte del plan trazado, la becaria recorrió distintas localidades del interior correntino, particularmente Lomas de Vallejos y Berón de Astrada. Pudo constatar viviendas construidas con el método que investigaba, identificó las técnicas que usaron sus constructores, reconoció los materiales disponibles en cada zona y conversó con pobladores que participaron de este tipo de construcciones o que aún viven en ellas.

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Este recorrido le permitió reconstruir el contexto en el que se levantaron estas casas: qué materiales tenían a mano, qué técnicas aplicaron y qué lugar ocupa esta forma de construir dentro de la comunidad.

En la segunda etapa, Barrios fabricó probetas —bloques de prueba con forma y tamaño definidos— con tierra extraída de la zona, mezclada con una cantidad de agua calculada para lograr la compactación óptima.

El plan inicial era dejar secar estos bloques entre 7 y 14 días, pero la humedad propia del clima de la región obligó a extender ese período hasta los 28 días, para que las probetas llegaran a un estado adecuado antes de la prueba.

Una vez secas, las probetas fueron sometidas a una prueba de resistencia a la compresión, que consiste en aplicar una fuerza creciente sobre el bloque hasta que se rompe, y así medir cuánta carga puede soportar antes de fallar. Durante la prueba, Barrios registró cómo se comportó el material, de qué forma se deformó y en qué momento se produjo la rotura.

Bloques resistentes

La prueba mostró que el material no se rompe de golpe: antes de la rotura, se deforma de manera progresiva, lo que da tiempo y aviso de que el muro está por fallar. Esto lo diferencia de otros materiales, que se fracturan sin dar señales previas.

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La resistencia de los bloques varió según tres factores: la proporción de tierra y agua usada en la mezcla, la cantidad de humedad presente y las características propias del suelo de cada lugar. Esto significa que el desempeño del material depende directamente de cómo se prepara la mezcla y de qué tierra se use.

La investigación identificó puntos a favor de este sistema: usa recursos que están disponibles en el lugar, no requiere gasto de energía para su fabricación y mantiene la temperatura interior de la vivienda de forma estable, ya que la masa de tierra tarda en calentarse y en enfriarse.

También encontró puntos en contra: la resistencia de estos muros es menor que la de los sistemas de construcción industrializados, y el material se ve afectado por la humedad, lo que puede acortar la vida útil de la vivienda si no se toman medidas de protección, como revoques o aleros.

Pruebas de laboratorio

La investigación permitió evaluar si los muros de tierra y tacuara son una opción viable hoy, tanto en su resistencia como en su aporte ambiental y en su relación con las comunidades que los usan.

Barrios cumplió los objetivos que se había propuesto: revisó los antecedentes sobre el tema, relevó las condiciones y técnicas usadas en distintas localidades, midió el comportamiento del material mediante pruebas y determinó qué puntos a favor y en contra tiene este sistema, además de qué mejoras podrían aplicarse.

A diferencia de otros trabajos sobre el tema, que se concentraron en la historia o en las costumbres ligadas a esta forma de construir, esta investigación sumó pruebas de laboratorio para generar datos concretos sobre el comportamiento del material, y los relacionó con el conocimiento que tienen los propios pobladores sobre esta técnica.

El recorrido por las localidades confirmó que todavía existen viviendas construidas con este sistema, lo que muestra que el conocimiento para levantarlas se mantiene entre generaciones y que los materiales necesarios siguen disponibles en la zona. El trabajo también permitió identificar las características del suelo y de las especies de tacuara que se usan en la región.

La fabricación y prueba de los bloques fue uno de los aportes centrales del estudio, porque permitió obtener por primera vez datos de laboratorio sobre este material en la región. Los valores de resistencia que se registraron coinciden con los que aparecen en otros estudios sobre tierra cruda, lo que da un primer punto de comparación para la zona.

Barrios aclaró a UNNE Medios que estos valores no llegan a los del ladrillo o el hormigón, pero sirven como base para conocer el potencial de este sistema cuando se usan materiales locales y se aplican criterios adecuados en su diseño y ejecución.

En cuanto al aporte ambiental, la investigación remarca que este sistema usa recursos renovables disponibles en cada zona y reduce el traslado de materiales desde otros puntos, dos factores que bajan el costo ambiental de una construcción respecto de los sistemas industrializados.

La becaria señaló que el aporte principal de su trabajo para el área de Tecnología de la Arquitectura está en unir tres instancias que suelen estudiarse por separado: el recorrido por las viviendas existentes, el análisis de los materiales de cada zona y la prueba de laboratorio sobre su comportamiento. Esta combinación generó datos sobre un sistema de construcción que, hasta el momento, no contaba con este tipo de información en el país, y abre la puerta a comparar estos resultados con estudios de otras provincias y de otros países que trabajan sobre construcción con tierra.

Actualmente, se trabaja para identificar las proporciones óptimas de agregados que logren mejorar la resistencia y durabilidad frente a la exposición a la intemperie de estos muros de tierra. Para ello, se están realizando análisis de composición de los suelos de los que se extrajeron las muestras para los ensayos comentados. Conocer su composición permitirá determinar con precisión cuál es el tipo de agregado o estabilizante más conveniente a aplicar.