Los datos de salud mental en nuestra región se miden en cifras que estremecen. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), cada año más de 97.000 personas en las Américas pierden la vida por suicidio, una tragedia que se filtra de manera alarmante entre los más jóvenes. En Argentina, los últimos datos epidemiológicos del Ministerio de Salud de la Nación (2023-2025) confirman esta tendencia y la dibujan con una crudeza ineludible: de los 22.249 intentos de suicidio notificados, más de la mitad se concentraron en adolescentes y adultos jóvenes de entre 15 y 24 años, y las tasas más altas se registran precisamente en el grupo de 15 a 19 años. Frente a estos números, la comunicación digital basada en evidencia deja de ser un mero instrumento de divulgación para convertirse en una herramienta de salud pública fundamental.
Por lo tanto, repensar la comunicación en salud mental en Argentina requiere de un giro audaz. Los gobiernos deben fortalecer el sistema de atención, pero paralelamente, debemos lanzarnos a conquistar el ecosistema digital con la misma seriedad con la que planificamos una campaña de vacunación. Esto implica invertir en formar una nueva generación de comunicadores digitales aliados, adaptar las guías LIVE LIFE para creadores de contenido y, crucialmente, reconocer en la futura modificación de nuestra Ley de Salud Mental la necesidad de financiar e institucionalizar estas innovaciones. La batalla por el bienestar mental de nuestros jóvenes se libra en la pantalla del celular, y no podemos darnos el lujo de estar ausentes.
* El autor es especialista en comunicación organizacional.