“Amenazar no es joda, es un delito” la policía informó 43 denuncias contra escuelas amenazadas en todo el Chaco

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La tragedia ocurrida en la ciudad de San Cristóbal, Santa Fe, el 30 de marzo pasado, causó un impacto profundo en toda la sociedad argentina, a la vez que disparó una tendencia espeluznante de amenazas anónimas en colegios de todo el país dirigidas a la posibilidad de que algo similar se repita en ámbitos escolares.

Nuestra provincia no quedó al margen de esa consecuencia nefasta de lo ocurrido en territorio santafesino, y hasta hoy la Policía del Chaco ya tiene registrados más 40 establecimientos en los que aparecieron amenazas similares, en general leyendas escritas en los baños u otros espacios de los colegios.

Los informes policiales hablan hasta hoy de un total de 43 colegios alcanzados por amenazas de esa índole, 27 de ellos situados en el Gran Resistencia y 16 en localidades del interior.

Locura y banalización

En los informes de la fuerza de seguridad provincial hay un detalle de los establecimientos involucrados y de en qué consistieron las amenazas. En el reporte hay algunos casos en los que no se especifica de qué manera de concretó la advertencia de los autores anónimos de las amenazas, pero en general son inscripciones dejadas en baños o en otros ambientes de las escuelas.

Por lo que viene sucediendo en el resto del país, donde también se multiplicaron hechos similares, se puede colegir que las amenazas combinan la existencia de contextos reales de violencia con una banalización de los hechos de San Cristóbal, en el que, claramente, algunos estudiantes vieron la oportunidad de generar la pérdida de días de clases, o simplemente generar inquietud, elaborando advertencias sobre planes ficticios de ataques armados.

El resultado es que la tendencia agregó una dosis más de angustia a las comunidades escolares. «Tiroteo, el lunes no vengan», «El lunes mato a la profesora de matemáticas», «Los voy a matar a todos están avisados», «Tiroteo y no escapa ninguno», «El lunes tiroteo a la salida», son algunas de las leyendas hallados en baños y paredes. En un caso, el texto estaba acompañado de cruces esvásticas.

En el informe se indica también que no se trata de un fenómeno de un tipo de establecimiento en particular, ya que sucede tanto en el Gran Resistencia como en el interior, y tanto en escuelas públicas como privadas. Dos de las instituciones privadas más prestigiosas de la capital, por ejemplo, tuvieron amenazas de este tipo.

En un caso, la advertencia llegó por parte de la madre de un estudiante, a quien su hijo le hizo escuchar audios y mensajes que circulaban en redes y aplicaciones telefónicas, hablando de una masacre en gestación.

Las dificultades para esclarecer estos hechos son obvias, además del desborde operativo que significa tener, de repente, tantas instituciones alcanzadas por esta ola irracional. Hasta ahora, de acuerdo al informe, solo en una situación se pudo determinar la autoría, con un chico que reconoció haber escrito la «promesa» de tirotear a sus compañeros, aparentemente para ver qué reacciones se producían en la comunidad de su colegio.