Las mayores crecientes podrían llegar desde octubre por el efecto de El Niño

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El ingeniero en Recursos Hídricos, Hugo Rohrmann, analizó la evolución de los principales ríos de la región y explicó que la actual crecida responde principalmente a las intensas lluvias registradas en las cuencas de los ríos Uruguay e Iguazú, mientras que el comportamiento del río Paraná continúa siendo estable. El especialista sostuvo que los mayores efectos del fenómeno de El Niño podrían comenzar a observarse a partir de octubre, cuando se inicia la temporada de precipitaciones, aunque remarcó que todavía no hay certezas sobre la magnitud que alcanzarán las crecientes.

El Paraná continúa estable

Rohrmann explicó que las precipitaciones más importantes de los últimos días se concentraron sobre la cuenca del río Uruguay, motivo por el cual esa vía fluvial presenta una rápida crecida que incluso obligó a adoptar medidas preventivas en ciudades como Paso de los Libres. En tanto, las lluvias sobre la cuenca del Iguazú alcanzaron entre 100 y 150 milímetros, provocando un aumento repentino del caudal que afectó el acceso al sector de las Cataratas..

Además, indicó que «las crecientes del Iguazú son rápidas y de corta duración, mientras que una verdadera crecida del Paraná requiere lluvias generalizadas sobre toda su enorme cuenca y suele extenderse durante varios meses», y agregó que «cuando se habla del río Paraná, hay pocas cosas que se pueden hacer para modificar la magnitud de una creciente».

Las crecientes se podrían potenciar desde la primavera

El especialista sostuvo que el fenómeno de El Niño permanecería activo hasta los primeros meses de 2027. No obstante, aclaró que sus efectos sobre las lluvias no son inmediatos porque la atmósfera necesita entre dos y cuatro meses para responder al calentamiento anómalo del océano Pacífico.

«Las mayores crecientes las veríamos a partir de octubre, cuando comienza la temporada de lluvias. Si ahí el efecto de El Niño elige a nuestra zona, la estadística muestra que en el 90% de los casos se generan grandes crecientes», afirmó. En ese sentido, señaló que durante septiembre comenzará a observarse con mayor claridad qué regiones recibirán mayores precipitaciones.

Las represas no generan las crecientes del Paraná

El ingeniero también desmintió una de las creencias más difundidas cada vez que aumenta el nivel del río: que las represas brasileñas liberan agua deliberadamente para provocar inundaciones aguas abajo. «Ninguna represa quiere sacar agua por las compuertas porque la ganancia está en hacer pasar toda el agua por las turbinas. Cuando llega una creciente no tienen otra alternativa que dejarla pasar», sostuvo. Incluso señaló que embalses como Itaipú y Yacyretá comienzan a liberar caudales antes de la llegada del pico para amortiguar el impacto.

Finalmente, explicó que, paradójicamente, las represas tienen mayor influencia durante las bajantes que durante las inundaciones. «En una crecida el volumen de agua es tan grande que no pueden modificar esa situación. En cambio, durante las bajantes sí regulan los escasos caudales disponibles», concluyó.

Radiografía de los ríos: cómo evolucionaron los niveles durante el último mes

Durante julio, el comportamiento del río Paraná fue de estabilidad con leves oscilaciones en gran parte de su recorrido por el Litoral. En las estaciones de Ituzaingó, Corrientes y Barranqueras se registró un descenso gradual durante la primera quincena, seguido por una recuperación en los últimos días del mes, aunque los niveles permanecieron muy por debajo de las marcas de alerta y evacuación.

Una situación diferente se observó en el río Iguazú. Durante la última semana de julio el caudal experimentó un ascenso abrupto como consecuencia de las intensas precipitaciones registradas sobre su cuenca en el sur de Brasil. En Puerto Iguazú el nivel superó los 15 metros antes de iniciar un lento descenso.

En tanto, el río Paraguay mantuvo un comportamiento estable durante todo el mes, sin variaciones significativas. Una situación similar presentó el río Bermejo, que al no haberse iniciado aún la temporada de deshielo en la cordillera, no se esperan aportes extraordinarios desde la alta cuenca.