La fiesta crece entre la tradición, pero también de innovación
Mientras que los fundamentalistas del chamamé rechazan esta expresión viva dentro del seno del género litoraleño, hay voces a favor de que este tipo de estilos sean parte de la grilla. La organización de la Fiesta Nacional abrió la posibilidad de integrar a esta «rama» del chamamé a la Fiesta «Guazú».
En la segunda noche actuaron Los Vecinos, conjunto local que aporta la novedad de versionar temas de otros géneros en ritmo tarragosero. En la tercera noche fue el turno de Iván Ruiz, de Formosa; y en la cuarta se presentaron Los Príncipes de Misiones y Cristian Herrera, de Salta. Los representantes de la tierra colorada se visten como un conjunto tradicional y mantienen la formación histórica guitarra, bajo, acordeón y glosista, aunque su sonido es señalado por detractores como «chamacumbia» o «no chamamé».
Nada de eso impidió que el masivo público disfrutara y hasta delirara con la presentación, lo que derivó en la entrega de la distinción Revelación de la 35ª Fiesta Nacional, un galardón que se suma a la trayectoria de un grupo habituado a recorrer bailes del interior, clubes, pistas, fiestas patronales, aniversarios y celebraciones familiares.
Algo similar ocurrió con Cristian Herrera, que hizo bailar a todo el anfiteatro y recibió una aceptación transversal, con público de todas las edades coreando y celebrando. Es cierto que existen voces críticas sobre esta forma de concebir la Fiesta Nacional, un debate que lleva años.
Chamamé con vuelo propio
Sin embargo, así como el chamamé fue considerado marginal por algunos defensores de la cultura establecida, logró abrirse paso hasta ser reconocido el 16 de diciembre de 2020 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
El debate sigue abierto. Fue la capacidad de innovación de fundadores como Cocomarola, Abitbol, Montiel, los Hermanos Barrios, Osvaldo Sosa Cordero y tantos otros la que construyó una música poderosa, representativa de los anhelos del correntino, capaz de expandirse a otras fronteras nacionales de la región y del mundo. Tal vez los eruditos deban estudiar el fenómeno de convertir letras de Miranda al ritmo de chamamé para entender hacia dónde va un género que tiene vida propia y que, como decía Julián Zini, «tierna y dulcemente bandea las fronteras y te obliga a sentirte lo que sos».
No hay que olvidar que la identidad, como sucede también en la vida, se construye todos los días y no necesariamente debe ser una representación estática de la cultura. Tal vez por eso el chamamé nace de la raíz del chamán guaraní y se expresa con instrumentos como la guitarra española y el acordeón alemán. (O. G.)
