Habló el acusado de empujar al jubilado: «Me empezó a patear el auto y sin querer lo empujo pero no era mi intención»

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El hombre fue trasladado a la sede de la fiscalía y ante la prensa manifestó estar arrepentido por empujar a Miguel Katz, quien se encuentra internado en grave estado tras golpearse la cabeza al caer al suelo. También pidió que se revise el video completo del incidente y afirmó que la víctima lo increpó previamente. 

El hombre que agredió al empresario chaqueño Miguel Katz, quien permanece internado en grave estado, fue trasladado a la sede de la fiscalía de Resistencia. Allí y ante varios medios reconoció estar arrepentido tras empujar a la víctima y sostuvo que no fue su intención como así también pidió que se revie el video completo donde afirma que el comerciante lo enfrentó previamente.

El incidente sucedió esta mañana, en Arturo Illia al 500, donde el conflicto se habría desarrollado cuando JHP estacionó su vehículo frente al depósito de Alka, en el que Katz de 71 años es socio gerente. Allí ambos mantuvieron una discusión hasta que el conductor empujó al empresario y este sufrió una caída con un fuerte golpe en la cabeza por lo que fue trasladado de urgencia al hospital Perrando donde permanece en grave estado.

En las puertas de la fiscalía, el acusado manifestó estar arrepentido y pidió a la prensa que «miren el video entero de cómo empezó todo», en relación a los registros de las cámaras de vigilancia.

«Llegó, me empezó a patear el auto, me insultó, yo me bajé del auto para preguntarle qué pasaba, me seguía diciendo cosas», expresó JHP de 54 a años.

Luego narró: «Entonces yo sin querer en ese momento lo empujo, pero no era mi intención. Llamé a la policía y la ambulancia y me quedé ahí. Yo lo asistí».

Por su parte, el empresario fue diágnosticado de «traumatismo encefalocraneano grave» con asistencia respiratoria mecánica y durante la mañana fue derivado al sanatorio IPS. La investigación del hecho se encuentra a cargo de la fiscal Lilian Beatriz Irala que ordenó la detención JHP.

El «barco fantasma» del Paraná volvió a soltarse por la crecida y quedó varado frente a CorrientesLa crecida del río Paraná volvió a poner en movimiento al Uros-Z, un enorme casco de acero de 107 metros que permanece abandonado desde hace décadas en Corrientes. La fuerza de la corriente rompió sus amarras y lo arrastró sin tripulación ni posibilidad de maniobra durante casi dos kilómetros, hasta que terminó varado frente a los barrios Quilmes y Los Astilleros, al sur de la capital provincial. El episodio ocurrió durante los últimos días de la semana pasada y fue registrado en imágenes difundidas por navegantes de la zona. La escena del buque avanzando a merced del agua volvió a encender la preocupación por los peligros que representa para las embarcaciones menores y las instalaciones situadas aguas abajo. La estructura mide 14,5 metros de manga y 6,70 metros de puntal. Según los reportes, permanece sin la señalización luminosa o las advertencias necesarias para alertar a quienes circulan por ese sector del río, especialmente durante la noche. Aunque la varadura detuvo su desplazamiento, no implica necesariamente que el casco haya quedado asegurado frente a nuevas variaciones del nivel del Paraná. El ambientalista Luis Martínez reclamó la intervención de las autoridades para prevenir posibles accidentes. «Imagen de la enorme embarcación «uros-Z», de 107 metros de eslora, que se encuentra a la deriva tras romper sus amarras durante la creciente del Paraná. Se trata de una embarcación que representa un riesgo real para la navegación y para las estructuras ubicadas río abajo. Ante esta situación, es importante que Prefectura pueda asegurarla para evitar posibles accidentes y daños», expresó. Hasta el momento no se informó que se haya realizado alguna una maniobra definitiva de sujeción, remolque o retiro. La intervención de Prefectura Naval Argentina aparece entre las medidas reclamadas. Un buque que nunca llegó a navegar La historia del Uros-Z comenzó en 1993, cuando Astilleros Corrientes inició la construcción de un buque tanque destinado al transporte de productos químicos. El proyecto preveía compartimentos de acero inoxidable, pero los problemas financieros y la quiebra de la empresa que lo había encargado impidieron concluirlo. Los trabajos se paralizaron hacia el año 2000 y la embarcación nunca llegó a entrar en servicio. Su situación también arrastra un conflicto administrativo. Según explicó en 2018 Miguel Gutnisky, propietario del astillero, el Estado nacional asumió la propiedad de la estructura tras un acuerdo relacionado con las deudas de la firma contratante. Ese mismo año 2000 se habría pactado su retiro del establecimiento, pero la medida no se concretó. Sin una solución definitiva, el casco permaneció durante años amarrado a la costa y expuesto al deterioro. En 2018 estuvo 58 kilómetros a la deriva No es la primera vez que la crecida del Paraná desprende al llamado «barco fantasma». En enero de 2018, el Uros-Z se soltó a la altura del kilómetro 1.200 del río y recorrió unos 58 kilómetros sin tripulación hasta encallar en un banco de arena cerca de Empedrado, a la altura del kilómetro 1.142. El episodio fue ampliamente documentado y obligó a realizar gestiones para su remolque. Esta vez, los medios locales informaron un desplazamiento de casi dos kilómetros.