¿Fascinación por la juventud o madurez subvaluada?
Lo escuché a ‘Simon Cowell’, ese británico descubridor de talentos, cuestionar a un músico con una pregunta tan fuera de lugar como su irreverencia injustificada.
– ¿Qué edad tenés?, le preguntó al cantante.
– Treinta y cuatro, respondió el aspirante.
– ¿Y por qué no lo lograste? ¿Qué pasó?
Una falacia con una estructura tan endeble como un castillo hecho de naipes.
La respuesta fue breve y tibia: Es que soy un músico, no un empresario, y no tengo idea de cómo lograrlo. Un minuto después tenía a todo el público de pie y al propio Simon coreando la canción “Sex on fire”. Búsquenla en las redes.
Sacando una de estas excepciones, es como si el mandato fuera llegar a los objetivos bien joven. En forma tardía carecería de valor o se convertiría en un imposible. Es la idea predominante en el sistema. Es por eso que se lo aplaudía a un joven Boris Becker de 17 años, cuando ganó el torneo de tenis en Wimbledon por primera vez allá por 1985.
Aborrezco el mandato social de triunfar joven. La vida es larga y cada uno tiene sus tiempos de explosión, para agudizar talento y habilidades. Algunos nunca lo lograron en vida como el caso de Vincent Van Gogh, cuando la sociedad no estuvo preparada para algo tan superlativo como sus pinceladas impresionistas.
No nos dejemos presionar por ideas fallidas, sólo serviles a unos pocos quiénes dejan a esos jóvenes talentos sin nada en un abrir y cerrar de ojos, mientras se quedan con los bolsillos repletos de divisas.
Premiemos a quiénes tienen madurez, arrugas en sus rostros. Esos que rara vez aparecen en publicidades de indumentaria deportiva o productos de cuidado estético.
Es ridículo ver en las gráficas a jóvenes trajeados de no más de 25 años, establecer un patrón de ejecutivo exitoso cuando en realidad ni siquiera consiguen trabajo o tienen uno de poca monta.
Publicistas o clientes: están equivocados. Están errando el ‘target’.
¿Después de todo quién impuso que el rostro de porcelana lleno de bótox es el paradigma de la buena imagen?
Una sociedad trastocada, confundida y muchas veces carente de valores.
Despertemos, recobremos el libre albedrío, y el pensamiento individual. Caso contrario seremos simples fotocopias, ladrillos de una pared, como bien ejemplifica ‘Pink Floyd’ en el video de la famosa canción “Another Brick in the Wall” (Otro ladrillo en la pared).
* El autor es novelista y piloto de línea aérea.

Por Christian Carollo