Ley de Tierras (parte 2): con una Defensa desmantelada durante décadas ¿Puede Argentina proteger sus preciados recursos?

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Mientras avanza la discusión en el plano político nacional sobre la Ley de Tierras y la desregulación para el acceso a las mismas por parte de extranjeros, el panorama obliga a tener en cuenta detalles de suma importancia para la República Argentina en su totalidad.

Ley de Tierras y flexibilidad en los controles territoriales

El debate sobre la soberanía territorial en la Argentina ha dejado de ser una discusión abstracta para convertirse en un eje central de las políticas de estado, aunque con visiones contrapuestas según la administración de turno. Tradicionalmente, marcos regulatorios como la Ley de Tierras (Ley 26.737) buscaban poner límites estrictos a la adquisición de inmuebles rurales por parte de personas físicas o jurídicas extranjeras, con el fin de proteger los recursos naturales y las zonas de seguridad fronteriza.

Sin embargo, el panorama normativo actual expone una reorientación estratégica. A través de recientes instrumentos de desregulación económica —como la derogación o flexibilización de restricciones mediante decretos de necesidad y urgencia—, el gobierno actual ha promovido medidas que facilitan la inversión y el acceso de capitales extranjeros a tierras productivas y patrimoniales. Mientras los sectores promotores de estas reformas argumentan que la libre disponibilidad de la tierra atrae inversiones indispensables para el desarrollo de sectores críticos (como la minería, el agro y la energía), las corrientes críticas advierten que la desregulación diluye la capacidad de control del Estado sobre áreas geográficamente sensibles y acelera la concentración de recursos en manos de corporaciones globales.

Puertas abiertas y sospechas de espionaje británico durante gestiones kirchneristas

La vulnerabilidad en el control territorial no solo se dirime en los despachos notariales o en la modificación de leyes, sino también en el diseño y la composición de los cuadros técnicos del Estado. Dentro de las discusiones sobre la seguridad nacional y el acceso a información sensible, diversos sectores han planteado interrogantes sobre los filtros y requisitos exigidos para ocupar altos cargos públicos.

En este marco se inscribe la controversia en torno a Natalia Laura Federman, abogada de nacionalidad británica que se desempeñó en áreas vinculadas a los derechos humanos y la desclasificación de archivos en los Ministerios de Defensa y de Seguridad durante gestiones previas. Desde una perspectiva crítica, se ha señalado en términos potenciales que su designación —que requirió una excepción legal debido a su nacionalidad— habría facilitado el acceso de un ciudadano extranjero a bases de datos e información interna sensible de las Fuerzas Armadas y de seguridad, en un contexto de persistente litigio de soberanía con el Reino Unido. Si bien sus defensores destacan su trayectoria técnica y su labor en la identificación de personas, el caso es citado frecuentemente como un reflejo de las flaquezas institucionales de un Estado que, por acción u omisión, habría relajado sus protocolos de contrainteligencia y seguridad estratégica.

Del desmantelamiento sistemático a la Defensa vulnerable

El estado actual de indefensión o debilidad operativa no responde a una gestión aislada, sino a un proceso crónico de desinversión, fallas de control y desmantelamiento material que atraviesa de manera transversal a los distintos signos políticos de los últimos 35 a 40 años. Entre los episodios más significativos que evidencian esta fragilidad institucional se destacan:

  • La voladura de la Fábrica Militar de Río Tercero (1995): Durante la presidencia de Carlos Menem, la explosión de este complejo militar en Córdoba provocó muertes, devastación urbana y la destrucción de infraestructura clave. La investigación judicial determinó que el hecho fue intencional, planificado para encubrir el contrabando ilegal de armas a Ecuador y Croacia, marcando un hito de corrupción y desvío de fines dentro del propio aparato de defensa estatal.

 

  • El hundimiento del ARA Santísima Trinidad (2013):** Buque insignia durante la Guerra de Malvinas, sufrió un hundimiento parcial mientras se encontraba amarrado en Puerto Belgrano debido a la falta de mantenimiento y negligencia operativa, exponiendo el deterioro de la flota naval de superficie.

 

  • El robo de un misil TOW (2015): Durante la gestión de Agustín Rossi como ministro de Defensa en el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, se constató la desaparición de un misil antitanque TOW 2 del Escuadrón de Caballería de Exploración de Ejército en La Plata. El episodio desnudó fallas críticas en los sistemas de inventario, custodia y seguridad de los arsenales militares.

 

  • La tragedia del submarino ARA San Juan (2017):** Ocurrido bajo la administración de Mauricio Macri, el naufragio del submarino con sus 44 tripulantes a bordo visibilizó de la manera más trágica las consecuencias del arrastre histórico de presupuestos de mantenimiento insuficientes, las deficiencias en las inspecciones de media vida y las fallas en los mandos de control de las operaciones navales en el Atlántico Sur.

El deseo de naciones extranjeras por los recursos preciados de Argentina

Esta debilidad interna coincide con un escenario global y regional de alta competencia por recursos estratégicos en áreas clave donde Argentina posee un rol geográfico preponderante:

La hipótesis de conflicto por Vaca Muerta (Chile): El debate sobre el valor estratégico de los recursos energéticos continentales sumó tensión a partir de las declaraciones del analista militar chileno José Miguel Pizarro.

Pizarro deslizó el planteo de que la supervivencia de Chile depende de forma crítica del crudo que fluye desde Argentina. En un escenario potencial donde Argentina decidiera cortar el suministro hidrocarburífero, Pizarro interpretó que la nación trasandina se vería forzada a reaccionar militarmente para evitar un colapso.

Aunque expertos evalúan que Chile carece de la capacidad logística real para sostener militarmente un enclave de largo plazo sobre el yacimiento neuquino, la mención de un conflicto futuro y el recuerdo del antecedente histórico de amenazas bélicas por las crisis de gas —como las atribuidas al expresidente Ricardo Lagos— demuestran la fragilidad de la estabilidad geopolítica regional ante recursos críticos.

La pesca ilegal y la Milla 201: Las flotas de potencias extranjeras (particularmente de bandera china y de otras naciones) operan de manera constante en el límite de la Zona Económica Exclusiva (ZEE), depredando el recurso ictícola ante las limitadas capacidades de patrullaje continuo y disuasión de la Prefectura y la Armada.

La estación de observación espacial en Neuquén: Un acuerdo de concesión a largo plazo con la República Popular China que permite el funcionamiento de una estación espacial con cláusulas de exención impositiva y un régimen operativo que ha generado debates constantes respecto al nivel real de control civil e inspección soberana por parte del Estado argentino.

El factor energético antártico: Los recientes relevamientos que estiman enormes reservas de hidrocarburos en el área de influencia del Tratado Antártico aceleran el posicionamiento de actores globales (como Rusia, China y EE. UU.), incrementando la presión geopolítica sobre el sector que la Argentina reclama históricamente.

La necesidad de una política de Defensa honesta, profesional y coherente en pos del patrimonio nacional

El análisis de la soberanía nacional en el siglo XXI exige superar la retórica ideológica de corto plazo. Tanto las políticas que promueven la apertura irrestricta de los activos territoriales al capital extranjero sin salvaguardas claras, como los episodios históricos de negligencia material e institucional cometidos por diversas administraciones, confluyen en el mismo resultado: la pérdida de autonomía estratégica.

Para que la Argentina logre proteger de manera efectiva su territorio, sus recursos naturales y sus áreas de seguridad fronteriza, resulta indispensable el desarrollo de una política de defensa nacional coherente, que combine un control normativo transparente y profesional con la reconstrucción de capacidades disuasorias reales y permanentes.