Como bien señala Isabel Coixet, la cultura del esfuerzo ha sido sustituida por la cultura de la visibilidad, donde no importa lo que se haga, sino cuántos te ven. Esta lógica del espectáculo explica, en gran medida, por qué casi el 70% de los jóvenes dice tener poco o ningún interés en la política. Un resultado un tanto cantado, ¿no? Porque hay que decirlo, qué le ofrecen hoy los políticos-casta y los políticos anticasta recién llegados al redil, más allá de una puesta en escena vergonzante.
Así lo ratifica el sociólogo español Manuel Castells, quien considera que «hay una ruptura de la confianza. No es que los jóvenes no tengan ideas políticas, es que consideran que la política institucional es un espacio ocupado por una casta que no habla su lenguaje ni entiende la velocidad del mundo digital».
Que la mayoría se informe exclusivamente por redes sociales explica, en parte, esta distorsión de la percepción política o el desinterés por el debate tradicional. Sin embargo, en un gesto de madurez que los adultos parecen haber perdido, estos jóvenes demuestran que la grieta no es un problema generacional: para ellos, las diferencias políticas no separan parejas ni destruyen amistades. Al final del día, lo que vemos es una juventud que ha decidido no ser el público cautivo de un seleccionado de indolentes que lejos están de representarlos.
* El autor es periodista. Secretario General de Redacción de diario Los Andes. rvalle@losandes.com.ar