La FIFA dio marcha atrás y archivó el polémico plan para privatizar el Mundial
La FIFA dio marcha atrás y archivó el proyecto que buscaba abrir a inversores privados una participación en el negocio comercial de sus principales competiciones, incluida la Copa del Mundo. La decisión fue anunciada este viernes, apenas unos días después de la presentación de FIFA Forward Enterprise (FFE), tras una rebelión que reunió a tres de las seis confederaciones continentales y provocó una fuerte crisis dentro del organismo.
La iniciativa contemplaba la creación de una empresa valuada en alrededor de US$20.000 millones, de la cual se ofrecería hasta un 20% a capitales privados para recaudar unos US$4.200 millones. La nueva sociedad concentraría las operaciones comerciales y organizativas de los torneos de la FIFA, aunque el organismo aseguraba que conservaría el control de las decisiones deportivas y regulatorias.
La resistencia fue encabezada por la UEFA, cuyas 55 federaciones acordaron no participar en ninguna competencia organizada por la FIFA mientras la propuesta continuara vigente. La Concacaf, integrada por 41 asociaciones, también la rechazó, mientras que la Confederación Asiática se solidarizó con ambas entidades y advirtió que el proyecto no reunía el consenso necesario para avanzar. En conjunto, las tres confederaciones representan a 143 de los 211 miembros de la FIFA.
Ante ese escenario, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, comunicó el retiro de la iniciativa. «Tras escuchar atentamente todas las opiniones, quedó claro que el proyecto ha generado divisiones que, independientemente del nivel de apoyo recibido, ya no están alineadas con el objetivo que se planteó desde un principio», reconoció.
El dirigente sostuvo que la propuesta había sido diseñada para fortalecer económicamente a las federaciones nacionales y financiar el desarrollo del fútbol, especialmente en los países con menos recursos. «El proyecto FIFA Forward Enterprise tenía como objetivo sentar las bases para seguir fortaleciendo a nuestras asociaciones miembro y al fútbol en todo el mundo, especialmente en aquellos países donde el apoyo es más necesario», explicó.
Qué proponía FIFA Forward Enterprise
El proyecto buscaba concentrar en una nueva subsidiaria las actividades comerciales y operativas vinculadas con la Copa del Mundo, los Mundiales femeninos, los Mundiales de Clubes y otras competencias internacionales.
La FIFA conservaría la mayoría accionaria y la potestad exclusiva sobre la gobernanza del fútbol, el calendario, los reglamentos y las decisiones deportivas. Los inversores privados, en tanto, accederían a una participación minoritaria en una compañía valuada inicialmente en US$20.000 millones.
A cambio del respaldo, las 211 asociaciones miembro podrían acceder a un desembolso extraordinario de hasta US$20 millones. Sumado al financiamiento previsto mediante el programa FIFA Forward para el ciclo 2027-2030, el paquete total podía alcanzar los US$40 millones por federación.
Sin embargo, numerosos dirigentes interpretaron la iniciativa como un intento de convertir al Mundial y a otras competencias en activos de inversión. Las críticas también apuntaron contra la falta de consultas previas, el reducido plazo concedido a las federaciones para pronunciarse y la escasa información sobre los posibles inversores.
La amenaza de boicot que hizo retroceder a Infantino
La posición más dura llegó desde Europa. Después de una reunión de emergencia, las 55 asociaciones que integran la UEFA acordaron por unanimidad abandonar todas las competencias de la FIFA si el proyecto no era retirado en su totalidad.
«Ninguna selección nacional de la UEFA participará en ninguna competición de la FIFA mientras estas propuestas permanezcan vigentes», señaló la confederación europea, que también exigió garantías de que las competiciones y la gobernanza del fútbol no serían abiertas nuevamente a la propiedad privada.
La Concacaf se sumó al rechazo después de consultar a sus 41 federaciones. Horas más tarde, la Confederación Asiática respaldó los cuestionamientos y lamentó que una propuesta de semejante importancia hubiera sido difundida antes de ser analizada por los organismos continentales.
«La posibilidad real de un boicot a la Copa Mundial debería preocupar a todos los que se interesan por el futuro de nuestro deporte. El fútbol nunca debería haber sido colocado en una situación semejante», sostuvo la AFC.
La Conmebol evitó sumarse al rechazo
La Conmebol adoptó una posición más cautelosa. El organismo presidido por Alejandro Domínguez no rechazó expresamente el proyecto, pero inició una ronda de consultas con sus diez asociaciones miembro y reclamó información adicional. «La Conmebol solicitó a la FIFA información adicional y aclaraciones sobre distintos aspectos relativos al alcance, la estructura, la gobernanza y los posibles efectos del proyecto», informó la entidad sudamericana.
El comunicado evitó alinearse con la UEFA, la Concacaf y la Confederación Asiática, aunque dejó una advertencia sobre los límites de las decisiones financieras.
«Entendemos que el desarrollo del fútbol requiere decisiones de carácter comercial y financiero. Sin embargo, dichas decisiones deben estar siempre al servicio del fútbol y nunca por encima de su esencia», expresó.
La crisis llegó al círculo íntimo de Infantino
La presión no provino únicamente de las confederaciones. Carlos Cordeiro, uno de los principales asesores de Infantino, presentó su renuncia inmediata y aseguró que no había participado en la elaboración del proyecto.
«Vender una participación permanente en el activo más preciado del fútbol para recaudar US$4.200 millones no tiene sentido. Es hipotecar el futuro del fútbol sin una justificación convincente», afirmó el exvicepresidente de la Federación de Fútbol de Estados Unidos y exejecutivo de Goldman Sachs.
Pocas horas después, Kevin Lamour, director de operaciones de la FIFA, denunció que los empleados del organismo habían sido engañados durante la preparación de la propuesta.
«Es el proyecto de una sola persona», sostuvo en una declaración enviada a la agencia Associated Press, en una referencia directa a Infantino. Lamour aseguró además que los trabajadores fueron mantenidos al margen y que merecían un trato mejor que «el desprecio y la intimidación».
Las críticas también trascendieron el ámbito deportivo. El primer ministro británico, Andy Burnham, afirmó que el Mundial «no es un producto», que el fútbol «no pertenece a los inversores» y reclamó la salida de Infantino de la presidencia de la FIFA.
La FIFA desactivó el conflicto
Con una mayoría de federaciones prácticamente imposible de alcanzar y bajo una creciente presión interna, la FIFA resolvió retirar el proyecto antes de que la fractura institucional se profundizara. «Nuestro propósito siempre fue, y siempre será, unir y hacer crecer el fútbol. Por ese motivo, esta propuesta no seguirá adelante», comunicó Infantino.
El presidente del organismo adelantó que buscará restablecer el diálogo con las asociaciones nacionales y las confederaciones.
«Mi intención es volver a reunir en los próximos días y semanas a todas las partes interesadas, con un espíritu de colaboración y con el objetivo de seguir impulsando el desarrollo del fútbol en todo el mundo, especialmente en aquellos países que más necesitan nuestro apoyo», concluyó.
La velocidad y la magnitud del rechazo dejaron a Infantino frente a una de las mayores derrotas políticas de su gestión. En cuestión de días, una iniciativa presentada como una oportunidad histórica para financiar el desarrollo del fútbol terminó retirada por la amenaza de boicot, la oposición de tres confederaciones y una rebelión dentro del propio organismo.
