El Niño ya llegó: cuándo se sentirá con más fuerza y qué puede pasar en Chaco desde la mirada de un especialista
El fenómeno de El Niño ya está instalado y Chaco comienza a ingresar en los meses en los que su influencia sobre las lluvias podría hacerse cada vez más evidente. Pero hay una diferencia importante entre hablar de un fenómeno muy fuerte a escala global y anticipar qué ocurrirá en una ciudad o región determinada.
Luis Romero, licenciado en Geografía y especialista en Análisis de Riesgo Climático, Adaptación y Resiliencia Climática, dialogó con DataChaco y explicó que, si bien el fenómeno puede considerarse establecido, un Niño intenso no significa, por sí solo, la presencia de lluvias récord ni anegamientos generalizados en la provincia.
«Un Niño muy fuerte a escala global no significa necesariamente que todos los territorios vayan a experimentar eventos extraordinarios», señaló.
Pero para comprender bien el fenómeno, lo principal es responder a una pregunta: ¿Qué significa técnicamente decir que El Niño ya está instalado y qué indicadores permiten afirmarlo?. Luis detalló: «Significa que se produjo un acoplamiento entre el océano y la atmósfera. Es decir, el calentamiento del océano Pacífico tropical no solo se mantiene de manera sostenida —con anomalías de temperatura superiores a 0,5 °C—, sino que además la atmósfera responde a ese calentamiento. Esa interacción es la que permite hablar técnicamente de un fenómeno El Niño ya establecido «.
No alcanza, entonces, con detectar un Pacífico más cálido. Para hablar de El Niño debe existir una señal persistente tanto en el océano como en la atmósfera.
Entre los indicadores utilizados aparecen el SOI, que mide diferencias de presión atmosférica entre Tahití y Darwin, y el RONI, que analiza el calentamiento de la superficie del mar en la región conocida como Niño 3.4.
¿Un Niño muy fuerte significa lluvias extraordinarias?
«No necesariamente», indicó el profesional. La intensidad del fenómeno se determina principalmente por el nivel de calentamiento del Pacífico ecuatorial. Anomalías de entre 1,5 y 2 °C corresponden a un evento fuerte, mientras que valores superiores a los 2 °C permiten hablar de un Niño muy fuerte.
Pero Romero advirtió que todavía resulta difícil establecer qué tan extraordinario será el episodio en formación. Existen antecedentes de eventos desarrollados bajo condiciones similares y con impactos importantes, como el de 1982/83. Sin embargo, la intensidad alcanzada en el océano no permite trasladar automáticamente esa magnitud a cada región.
«La intensidad de El Niño es un indicador importante, pero no determina por sí sola cuánto va a llover en una región determinada», explicó Romero.
Para conocer el posible impacto sobre Chaco habrá que observar también cómo evoluciona la circulación atmosférica y de qué manera esa señal global termina expresándose sobre el NEA.
El antecedente de 2019 sirve para mostrar esa diferencia. Aquel Niño fue de intensidad moderada y, sin embargo, produjo condiciones favorables para precipitaciones extraordinarias en la región.
En Resistencia, solo durante enero de aquel año se acumularon 554,8 milímetros , superando ampliamente el récord anterior para ese mes, de 441,2 milímetros registrado en 1973.
La clave para los anegamientos: no solo cuánto llueve, sino cómo
Para evaluar el riesgo de anegamientos tampoco alcanza con mirar cuánto podría llover durante toda una primavera o un verano. Puede resultar mucho más crítico que una gran cantidad de agua caiga en pocas horas que un volumen similar se distribuya a lo largo de varias semanas.
«No es lo mismo que un determinado volumen de precipitación se reparta durante varias semanas a que se concentre en pocos días o, especialmente, en pocas horas. Cuando la intensidad es muy alta, el sistema de drenaje puede verse rápidamente superado «, señaló el especialista.
Y es por eso que aparece otro punto central: el territorio importa . «La lluvia, aun cuando genere excesos, no explica por sí sola los anegamientos. También intervienen las características geográficas del sitio donde está emplazada una ciudad, la topografía, los usos y la ocupación del suelo, el grado de impermeabilización, la cercanía a cursos de agua y la capacidad de la infraestructura de drenaje», enumeró.
El episodio de enero de 2019 en Resistencia fue un ejemplo: no solamente hubo acumulados extraordinarios, sino también precipitaciones muy intensas concentradas en períodos cortos.
Por eso, el riesgo no puede medirse únicamente a partir del total de milímetros previstos para un trimestre. También importa cuándo caen, en cuánto tiempo y sobre qué territorio .
Octubre, noviembre y el verano: los meses a seguir
En Chaco, septiembre aparece todavía como un período de transición. La influencia de El Niño sobre las precipitaciones podría comenzar a mostrarse con mayor claridad desde octubre y profundizarse durante el verano. «Para Chaco, septiembre es más bien un período de transición y vigilancia; octubre-noviembre marcan una señal más clara y el verano concentra la mayor influencia», explicó Romero.
De acuerdo con los antecedentes, durante el trimestre septiembre-octubre-noviembre comienza a observarse una relación con mayores precipitaciones en el norte del Litoral. Esa señal tiende a ser más extendida durante el verano en el centro y noreste argentino.
El especialista aclaró, de todos modos, que esta proyección se refiere específicamente a las lluvias. El comportamiento de los ríos requiere otro tipo de análisis hidrológico y no puede deducirse únicamente de la presencia de El Niño.
Qué zonas de Chaco requieren mayor seguimiento
Los antecedentes tampoco muestran una respuesta idéntica en toda la provincia. Las zonas que históricamente presentan una señal más marcada frente a El Niño se ubican en el centro, sudoeste, sur y este chaqueño , aunque el comportamiento puede cambiar según la época del año y las características particulares de cada episodio.
Esas regiones, señaló Romero, deberían tener un seguimiento especial de los acumulados de lluvia y de la persistencia de los excesos.
«Es importante recordar que debe monitorearse toda la provincia, porque cada evento de El Niño se comporta de manera diferente. Pueden gestarse bajo condiciones similares, pero la respuesta local puede variar en cada episodio».
A qué debemos prestar atención
Más allá del pronóstico diario, durante los próximos meses cobrará importancia seguir los pronósticos semanales y trimestrales , los informes especiales y el monitoreo de El Niño elaborado por el Servicio Meteorológico Nacional.
Romero también recomendó prestar atención a los avisos de la Administración Provincial del Agua, las comunicaciones de los organismos provinciales y municipales y los análisis técnicos de instituciones especializadas.
En paralelo, los municipios deberían llegar al período de mayor influencia con los sistemas preparados: planes de contingencia actualizados, mantenimiento de infraestructura crítica y coordinación entre organismos. Eso incluye la limpieza y revisión de desagües, canales, alcantarillas y sectores históricamente vulnerables a los anegamientos .
Para las familias, la recomendación es más simple, pero no menos importante. «Ocuparse, no alarmarse. La mejor prevención es anticiparse», resumió Romero.
Mantener limpios desagües y canaletas, evitar residuos en la vía pública, revisar posibles puntos de ingreso de agua, conocer los canales oficiales de información y actuar antes de que se produzca una situación crítica forman parte de las medidas básicas.
Salud y posible aumento de enfermedades
En ese contexto, la médica infectóloga y coordinadora de la Sala de Situación de la Dirección de Epidemiología del Hospital Perrando, Laura lescano, dialogó con DataChaco y explicó que la provincia cuenta con antecedentes que permiten conocer cuáles son las zonas más vulnerables y anticipar medidas de respuesta.
Explicó que el sistema sanitario chaqueño se encuentra trabajando en protocolos de prevención y alertó cuáles son las principales enfermedades y riesgos que pueden aumentar durante el fenómeno , además de brindar recomendaciones de prevención.
Tips para prevenir riesgos durante una inundación
- Agua segura: si existen dudas sobre su calidad, hervirla o potabilizarla. No utilizar agua contaminada para beber, cocinar o lavar alimentos.
- Higiene: lavarse frecuentemente las manos con agua segura y jabón y mantener limpios utensilios y superficies.
- Alimentos: descartar aquellos que hayan estado en contacto con el agua de inundación o hayan perdido la cadena de frío.
- Mosquitos: eliminar recipientes con agua acumulada y utilizar repelente.
- Al limpiar: usar botas y guantes, cubrir heridas y evitar que los niños participen de la limpieza de sectores inundados.
- Medicamentos: quienes tengan enfermedades crónicas deben contar con suficiente medicación y mantener contacto con su médico o centro sanitario.
- Kit de emergencia: preparar agua, alimentos no perecederos, linterna, pilas, botiquín y documentación protegida.
- Después del agua: ventilar los ambientes y no ingresar a viviendas con riesgo eléctrico o estructural.
- Evitar riesgos: no caminar ni circular en vehículos por calles inundadas cuando se desconoce la profundidad o el estado del terreno.
- Consultar: acudir al sistema sanitario ante fiebre, diarrea, vómitos, lesiones en la piel, dolor muscular intenso u otros síntomas importantes después de haber estado expuesto al agua de inundación.
