Billeteras virtuales concentran el 75% de las transferencias en Argentina
El cierre de 2025 dejó en evidencia un cambio estructural en la forma de mover dinero en la Argentina. Según datos del Banco Central (BCRA), durante diciembre se registraron 753 millones de transferencias inmediatas en pesos, por un total de $88,7 billones, lo que representó un crecimiento interanual del 24,8% en cantidad de operaciones y del 24,4% en montos reales.
Uno de los datos más relevantes del informe es que el 75% de esas transferencias tuvo como cuenta de origen o destino una CVU, es decir, una billetera virtual . Actualmente, el BCRA tiene registradas 84 billeteras digitales interoperables, un número que refleja el peso creciente de estas plataformas dentro del sistema financiero.
Desde el sector fintech interpretan este fenómeno como un cambio de hábito ya consolidado. Para el director ejecutivo de la Cámara Argentina Fintech, Mariano Biocca, la preferencia por las cuentas de pago plantea nuevos desafíos regulatorios. En ese sentido, señaló que si una billetera es elegida como cuenta principal, resulta razonable analizar la posibilidad de ampliar sus funciones, como la acreditación de sueldos o jubilaciones.
La multiplicidad de cuentas también aparece como una característica del usuario argentino. Un informe de Coelsa, la cámara compensadora del sistema financiero, indicó que las personas tienen en promedio ocho cuentas, repartidas de manera equilibrada entre bancos tradicionales (CBU) y billeteras virtuales (CVU) . Un estudio de la consultora Brain Network suma otro elemento: los beneficios, descuentos y promociones se ubican entre los principales motivos de elección de una plataforma, y más de la mitad de los usuarios prioriza medios de pago que ofrezcan incentivos.

El avance sostenido de los pagos con QR
El crecimiento de las billeteras digitales va de la mano con la expansión de los pagos con transferencia mediante códigos QR. Según el BCRA, en diciembre de 2025 se realizaron 96,4 millones de operaciones de este tipo, un 44% más que un año atrás, por un total de $2,2 billones, con una suba real del 47,5%.
El 98,6% de esos pagos se inició a través de códigos QR, lo que equivale a unos 95 millones de transacciones. En cuanto al origen de los fondos, el 54,5% se realizó desde cuentas bancarias y el 45,5% desde cuentas de pago, mientras que en los comercios la acreditación se repartió casi en partes iguales entre cuentas bancarias y billeteras.
Desde el sector tecnológico destacan que la interoperabilidad fue clave para acelerar este proceso. Federico Goldberg, cofundador y CEO de la empresa Manteca, explicó que la disponibilidad de infraestructuras y APIs simplificadas permitió a muchas compañías lanzar y escalar soluciones de pago sin desarrollar sistemas propios desde cero, mejorando la experiencia del usuario.
Coelsa agregó que durante todo 2025 se contabilizaron más de 714 millones de pagos con QR , con mayor concentración en grandes centros urbanos como la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y Mar del Plata, aunque con una expansión sostenida en ciudades del interior. El ticket promedio se ubicó en $20.026, con picos superiores a $50.000 en el pago de servicios y montos más bajos en rubros cotidianos como panaderías.
Mirada hacia lo que viene
Los especialistas coinciden en que el crecimiento futuro ya no dependerá tanto de la adopción, sino de la diversificación de usos. Biocca sostuvo que el desafío estará en ampliar las experiencias de pago hacia más comercios, servicios, transporte y cobros recurrentes, además de sumar herramientas de financiamiento y promociones.
En la misma línea, Valeria Rodríguez, directora de la procesadora de pagos Lyra para Argentina y Uruguay, consideró que el QR cumplió un rol clave en una etapa inicial, pero anticipó una nueva fase de desarrollo. Según explicó, tecnologías como Tap on Phone y otras soluciones basadas en NFC comenzarán a ganar protagonismo, con mayores niveles de seguridad y una experiencia de uso más fluida.
Con estos números, el sistema de pagos argentino muestra una transformación profunda, donde las billeteras virtuales dejaron de ser una alternativa para convertirse en un actor central del movimiento cotidiano de dinero.
