El intendente Bruno Cipolini participó del acto por el 11° aniversario del Centro FUNDECCH

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El intendente Bruno Cipolini participó del acto por el 11° aniversario del Centro FUNDECCH

El Centro Fundecch cumplió 11 años  trabajando para erradicar la desnutrición infantil en la ciudad y lo celebró con un acto que tuvo lugar en las instalaciones de dicho centro ubicado en el barrio Matadero. La celebración contó con la presencia del intendente Bruno Cipolini quien estuvo acompañado por el presidente del Concejo Deliberante, Pedro Egea.

El acto estuvo encabezado por las autoridades del Centro, el presidente de Fundecch Luis Trinajstic,  el director del Centro, Javier Peralta, y demás integrantes de la institución.

En la oportunidad, el intendente hizo entrega de una resolución por los 11 años de la institución y  las autoridades del lugar agradecieron el acompañamiento del municipio y destacaron el trabajo conjunto con el mismo.

 Centro FUNDECCH

La inquietud de llevar adelante el proyecto surgió luego de que los miembros del  Consejo de Administración de FUNDECCH se encontraron con una disertación del Dr. Abel Albino, en octubre de 2009. A raíz del impacto  que produjo, se resolvió convocar a profesionales de la salud, de educación, referentes religiosos, funcionarios y a personas o instituciones destacadas de la ciudad.

A partir de un intenso trabajo, se seleccionó al barrio Matadero para la localización del  Centro, y se realizó un acuerdo con la obra Don Orione, quien puso a disposición parte de las  instalaciones de la “Capilla Virgen de Guadalupe”.

Fue el 27 de abril de 2011 que se inauguró oficialmente el Centro de Prevención de la  Desnutrición Infantil y Promoción Humana, en un predio donado por el Ejecutivo Municipal. Desde entonces, se vienen desarrollando acciones tendientes a erradicar la  desnutrición infantil, realizando monitoreo nutricional y pediátrico en madres embarazadas y niños menores de 5 años, junto a espacios de estimulación temprana y  atención del desarrollo, para los niños con desnutrición y sus hermanos.

 

El «barco fantasma» del Paraná volvió a soltarse por la crecida y quedó varado frente a CorrientesLa crecida del río Paraná volvió a poner en movimiento al Uros-Z, un enorme casco de acero de 107 metros que permanece abandonado desde hace décadas en Corrientes. La fuerza de la corriente rompió sus amarras y lo arrastró sin tripulación ni posibilidad de maniobra durante casi dos kilómetros, hasta que terminó varado frente a los barrios Quilmes y Los Astilleros, al sur de la capital provincial. El episodio ocurrió durante los últimos días de la semana pasada y fue registrado en imágenes difundidas por navegantes de la zona. La escena del buque avanzando a merced del agua volvió a encender la preocupación por los peligros que representa para las embarcaciones menores y las instalaciones situadas aguas abajo. La estructura mide 14,5 metros de manga y 6,70 metros de puntal. Según los reportes, permanece sin la señalización luminosa o las advertencias necesarias para alertar a quienes circulan por ese sector del río, especialmente durante la noche. Aunque la varadura detuvo su desplazamiento, no implica necesariamente que el casco haya quedado asegurado frente a nuevas variaciones del nivel del Paraná. El ambientalista Luis Martínez reclamó la intervención de las autoridades para prevenir posibles accidentes. «Imagen de la enorme embarcación «uros-Z», de 107 metros de eslora, que se encuentra a la deriva tras romper sus amarras durante la creciente del Paraná. Se trata de una embarcación que representa un riesgo real para la navegación y para las estructuras ubicadas río abajo. Ante esta situación, es importante que Prefectura pueda asegurarla para evitar posibles accidentes y daños», expresó. Hasta el momento no se informó que se haya realizado alguna una maniobra definitiva de sujeción, remolque o retiro. La intervención de Prefectura Naval Argentina aparece entre las medidas reclamadas. Un buque que nunca llegó a navegar La historia del Uros-Z comenzó en 1993, cuando Astilleros Corrientes inició la construcción de un buque tanque destinado al transporte de productos químicos. El proyecto preveía compartimentos de acero inoxidable, pero los problemas financieros y la quiebra de la empresa que lo había encargado impidieron concluirlo. Los trabajos se paralizaron hacia el año 2000 y la embarcación nunca llegó a entrar en servicio. Su situación también arrastra un conflicto administrativo. Según explicó en 2018 Miguel Gutnisky, propietario del astillero, el Estado nacional asumió la propiedad de la estructura tras un acuerdo relacionado con las deudas de la firma contratante. Ese mismo año 2000 se habría pactado su retiro del establecimiento, pero la medida no se concretó. Sin una solución definitiva, el casco permaneció durante años amarrado a la costa y expuesto al deterioro. En 2018 estuvo 58 kilómetros a la deriva No es la primera vez que la crecida del Paraná desprende al llamado «barco fantasma». En enero de 2018, el Uros-Z se soltó a la altura del kilómetro 1.200 del río y recorrió unos 58 kilómetros sin tripulación hasta encallar en un banco de arena cerca de Empedrado, a la altura del kilómetro 1.142. El episodio fue ampliamente documentado y obligó a realizar gestiones para su remolque. Esta vez, los medios locales informaron un desplazamiento de casi dos kilómetros.