Es argentino y dejó todo para ser carnicero en Polonia: “Gano el triple, pero vivo cerca de Ucrania”

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Gerardo Quinteros tiene 28 años y desde hace un mes vive junto a su suegro en Sieraków, un pequeño pueblo al que fue convocado para trabajar en un frigorífico.
Gerardo Nahuel Quinteros (28) se convenció al instante de la propuesta de Francisco, su suegro, que apaciguó su ansiedad para contarle si le interesaba dejar todo para ir a trabajar a un frigorífico en Polonia.
Quinteros (”Titi” para sus seres queridos) respondió que sí. Para ello debió abandonar la carnicería de Carlitos (su papá) en City Bell, hablar con su pareja y cumplir con los requisitos necesarios para cumplir con el sueño de dicha aventura.
“Empezamos los trámites en octubre de 2021. Para enero de este año ya pensábamos que no nos iban a llamar, que estaba todo caído. Pero la empresa de reclutamiento finalmente convocó y nos dijo que sí, que habíamos sido aceptados. El 16 de mayo viajamos a Polonia”, narró Quinteros a TN.
La llamada transcurre mientras el hombre de Melchor Romero, partido de La Plata, camina alrededor de la manzana en la que se encuentra el departamento que habita junto a su suegro. “Estamos en Sieraków, muy cerca de la frontera con Alemania. La empresa nos pagó los vuelos y también se hace cargo del hospedaje y las comidas durante las horas laborales”, indicó.
El periplo para llegar hasta allí incluyó dos escalas (Brasil y España) hasta llegar a Alemania, desde donde abordaron un transporte que los trasladó hacia el pequeño pueblo en el que viven.
“Tengo mucha experiencia en carnicería. En cortar carne principalmente. Le preguntaron a él si conocía a alguien de confianza para venir y bueno, acá estamos. Tuvimos que mandar videos para la empresa reclutadora. Querían ver que realmente sabíamos trabajar”, explicó Quinteros.
Su partida desde Buenos Aires también significó el alejamiento con Ayelén, su pareja y madre de Santiago, su hijo. “Ella me apoya en todo. Siempre vamos para adelante. De todas maneras ya hablé con la empresa para que puedan venir. Me dijeron que tengo que esperar a cumplir seis meses y ahí podrán viajar”, dijo.
“Hicimos el pasaporte argentino y la empresa nos otorgó una visa por dos años, lo que dura el contrato laboral. Cuando llegamos acá nos dieron el documento para que podamos movernos con tranquilidad”, enfatizó.

LA POSIBILIDAD DE OBTENER EL PASAPORTE EUROPEO

Quinteros detalló que si cumple con los dos años de contrato, la visa se vuelve permanente y puede tramitar el pasaporte europeo para quedarse a vivir allí de manera indefinida.
“Allá trabajé en un frigorífico también. Es un laburo muy duro, terminás muy cansado. Y al principio no pagan bien. Porque sos operario y tardás casi dos años para que te manden a depostar. Recién ahí te suben de categoría y te pagan mejor”, recordó.
“Acá estoy de puntero en la línea. Significa que soy el primero que agarra la carne en la cámara cuando ingresa. Cuanta más velocidad tenga yo para esos primeros cuatro cortes, más carne podemos depostar”, relató Quinteros.
“Nos levantamos muy temprano. El trabajo de frigorífico es pesado. A las 6 nos pasa a buscar una combi y a las 6.30 tenemos que estar trabajando. A las 11 paramos. Tenemos una comida remunerativa y media hora de descanso, porque hace mucho frío”, dijo.
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Y continuó: “Después volvemos y seguimos hasta las 14. No te dejan trabajar más de ocho horas”.
En cuanto a la paga, el joven prefirió no revelar con exactitud cuánto gana, aunque sí detalló que en un mes puede llegar a percibir “hasta tres veces más que un buen sueldo en Argentina”.
“Si pasamos las 90 mil toneladas de corte nos pagan un plus. Todo está en el contrato. La verdad es que es muy buen dinero y me sirve para ayudar a mi familia”.

LAS COSTUMBRES DE UNA VIDA EN UN PUEBLO POLACO

La ciudad al oeste de Polonia posee una población que no supera los 10 mil habitantes. Allí, tal como lo reflejó Quinteros, la vida encuentra su pausa a partir de las 22.
“Llega esa hora y todo se termina. No es joda. Ya de por sí hay poca gente en la calle, no están acostumbrados a deambular mucho. Pero cuando anochece es peor”, relató.

“Nos dieron un departamento con cocina compartida con otros argentinos. También hay colombianos, venezolanos, de varios países. En el laburo son todos polacos e islandeses, porque la empresa es de allá. Nos comunicamos con señas o con palabras en inglés. Todo muy básico, pero nos entendemos bien”, dijo entre risas.

Quinteros manifestó que la parte más complicada de su estadía en Polonia sucede cuando tiene que acudir al supermercado: “Cada vez que voy a comprar es un show. No te entienden. Compré cereal pensando que era dulce y era salado. O elegí una leche que era muy espesa, y el sabor cambia completamente”.

El joven indicó que se llevó cuatro kilos de yerba en la valija y ya utilizó más de la mitad. “Algo que me sorprendió es que tenés que caminar sí o sí por la vereda. Si te ven, te multan. Y si un vecino te descubre, también te denuncia”, relató.

Dijo también que junto a su suegro ya planean comprar un vehículo para movilizarse con mayor facilidad y así poder conocer otras ciudades y otros países: “Los autos valen la mitad de un sueldo. Un lindo autito usado, un BMW o un Alfa Romeo que allá sería imposible comprar, acá se puede”.
En cuanto al conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, Quinteros detalló que los locales evitan hablar de la guerra o referirse al respecto: ”Se escuchan explosiones a la mañana temprano, estamos a 650 kilómetros de Ucrania y llega. Pero nos comentaron que acá estamos tranquilos, que no nos preocupemos”.
“Por mi parte hasta ahora voy a aguantar tres o cuatro años para hacer una buena diferencia. Si a mi novia le llega a gustar, ahí si no tengo problema y me quedo. Pero la verdad es que es diferente a la Argentina y hoy extraño mucho a mi familia. No veo la hora de que estén acá conmigo”, concluyó.