La Independencia Paraguaya nació en un reclamo por sueldos atrasados

Por Vidal Mario – El Paraguay entiende que en un episodio ocurrido entre la noche del 14 y la mañana del 15 de mayo de 1811 logró independizarse del poder colonial español.

En las escuelas paraguayas, se enseña que hubo una revuelta protagonizada por un grupo de militares nativos que tenía por objeto la independencia paraguaya.

La verdad es que dichos oficiales no abrigaban ningún objetivo independentista: sólo querían cobrar los sueldos que el gobernador Velazco les adeudaba.

No había intención de romper ningún cetro opresor, como expresa el himno nacional paraguayo.

No era una emancipación de España lo que pretendían, y como no era eso lo que les interesaba siguieron siendo fieles como siempre al rey español Fernando VII.

Ni siquiera querían echar al gobernador Bernardo Velazco, quien como si nada hubiese pasado fue elegido presidente del Triunvirato que asumió el día 17.

No era romper con España lo que querían los militares paraguayos sino cobrar lo que se les debía.

Únicamente reclamaron que el Cabildo se ponga al día con los sueldos atrasados y que se les dé la importancia que decían merecer por sus resonantes triunfos en Paraguarí y Tacuarí contra las fuerzas argentinas de Belgrano.

Hacía por lo menos ocho meses que la milicia paraguaya no cobraba su sueldo, y como todo asalariado que necesita de su sueldo para vivir, querían cobrar.

No cobraban porque no había un peso. ¿Y por qué no había un peso?. Porque cuando llegó a Asunción una noticia de que Belgrano había vencido a las tropas de Velazco rápidamente todo el tesoro del Cabildo fue remitido a Montevideo.

El jefe del Cabildo, José Gaspar Rodríguez de Francia, estaba convencido que en unos nueve días más las tropas invasoras argentinas estarían entrando en Asunción. Entonces embarcó para Uruguay unos 350.000 pesos.

Era cierto que en una primera batalla (de la que poco se habla) los argentinos habían vencido a las fuerzas españolas de Velazco, y que estaban listos para avanzar hacia Asunción.

Pero eso no ocurrió porque los soldados paraguayos comandados por jefes paraguayos se quedaron, enfrentaron y vencieron a Belgrano en Paraguarí y Tacuarí.

Eso fue lo que se les recordó al poder colonial a través de esta declaración: “Gracias a nosotros, paraguayos, Belgrano no está hoy acá mandando en Asunción. Pero ustedes, europeos, nos siguen tratando con el desprecio de siempre”.

El golpe

Vicente Ignacio Iturbe, uno de los líderes de la protesta, relató así en qué consistió el reclamo:

“Los europeos (así le decían a los españoles) no ayudaron con su dinero a los pagos de salarios de las tropas milicianas utilizadas para defender la frontera, alegando no tener dinero.

Era verdad que el día del ataque corrió la noticia de que los de Buenos Aires habían vencido y los europeos embarcaron para Montevideo trescientos cincuenta mil pesos fuertes.

Los paraguayos, después que repelieron y ausentaron en su frontera a los de Buenos Aires, no fueron contemplados para puestos a los que sólo a los europeos se les tenía en cuenta. A los paraguayos se los trataba con desprecio, peor que antes”.

Fue por estas razones que a las 11 de la noche del 14 de mayo apareció por el Cabildo el mencionado Iturbe trayendo un petitorio firmado por él mismo, por un hermano suyo y por un capitán llamado Pedro Juan Caballero.

En la nota se exigía que a las 8 de la mañana del día siguiente se les entregara las llaves del Cabildo, de la Secretaría, del Tesoro, y el dinero que hubiera de un impuesto llamado Estanco del Tabaco.

Se pidió también la renuncia de tres funcionarios del Cabildo y la incorporación, al mismo, de un tercer miembro.

Lo que ocurrió al día siguiente lo sabemos por el testimonio del teniente José de Abreu, un enviado de la Corte de Portugal que en esos días andaba por Asunción:

“Al romper el día 15, ante la falta de respuestas de Velazco a las peticiones efectuadas, salieron del cuartel los paraguayos en número de ochenta. Empujaron para la plaza seis piezas de artillería, de las cuales colocaron dos frente a la residencia del Gobernador y las demás en las esquinas de las calles adyacentes. Se juntaron al mismo tiempo gran número de civiles paraguayos.

Con el alférez Iturbe, mandaron desde el Cuartel dos cartas al Gobernador intimándolo a que cumpliese las condiciones que en la noche anterior se le había requerido y que, de lo contrario, arrasarían su residencia y la misma ciudad.

Llegó en ese momento al Cuartel el obispo con varios eclesiásticos, a quienes se les dijo que la cuestión no era contra ellos, que no había nada contra ellos y que regresaran a sus casas.

El Gobernador a su vez respondió que reuniría al Cabildo y que procedería a la entrega pretendida.

Son ya las ocho de la mañana y ni noticias del Gobernador. Entonces, desde el Cuartel se le manda decir que si en el perentorio término de quince minutos no accedía a lo peticionado comenzaría el ataque. Recién entonces Velazco acepta sus exigencias.

La alegría es total. Los paraguayos izaron una bandera en la plaza con salva de 21 tiros de artillería y gritando todos a la vez ¡Viva la Unión!. Se referían a la unión con Buenos Aires, que era lo que postulaban algunos patriotas.

Al ponerse el sol, bajaron la bandera y dieron nueve tiros de pieza”.

 

Gobierno de transición

 

Así de simple fue el movimiento que inició la marcha hacia de liberación política del Paraguay.

En el gobierno de transición emergente del hecho no se vio a ningún paraguayo. El tercer miembro que se reclamaba para el Cabildo no fue un paraguayo sino un español, Juan Valeriano Zevallos.

Igualmente, Velazco y Francia siguieron en sus respectivos cargos como si nada hubiera pasado.

Así continuaron las cosas, hasta que el 20 de junio siguiente  se eligió una Junta Superior Gubernativa, a la que sí podría denominarse “primer gobierno patrio”.

El 20 de julio siguiente, la Junta paraguaya comunicó a la Buenos Aires que el Paraguay mantenía su postura de “defender la causa común del señor Don Fernando VII”.

Era muy extraña la situación de esa Junta Superior Gubernativa: siendo un gobierno “patrio” actuaba en nombre del monarca español que Napoleón tenía preso.

Los oficiales nativos seguían vistiendo uniforme militar español y la bandera que se usaba tenía en el centro, sobre un fondo blanco, el escudo de España.

Por un buen tiempo más, después del 14 y 15 de mayo de 1811 la fortaleza del gobierno colonial continuó intacto.

 

Un héroe de cartón

 

La lista de próceres paraguayos vinculados al episodio relatado no llega a doce. Había una mujer, Juana María de Lara.

De ese listado debiera eliminarse a Rodríguez de Francia. Afirmar que éste individuo es un prócer de la independencia paraguaya es una broma de mal gusto.

Francia era jefe del Cabildo. Formaba parte del poder colonial. Era uno de los que representaban la corona española en el Paraguay.

Calificaba al Paraguay de “pueblo de tapes” y decía que los paraguayos eran “pura gente idiota”.

Admiraba a la princesa Carlota Joaquina, futura reina de Portugal que en esos tiempos estaba exiliada en Brasil.  A principios de mayo de 1811 él y el gobernador Velazco estuvieron a punto de entregar el Paraguay a ésta portuguesa.

Años después, el 17 de julio de 1820 fusiló a Fulgencio Yegros. Éste militar, que fue el verdadero jefe de los acontecimientos de mayo y merece figurar en la lista de los héroes paraguayos, cayó abatido a un costado del Cabildo.

Para consolidar su cargo de Supremo Dictador, después fusiló a unas cincuenta personas más.

Pedro Juan Caballero, otra cabeza visible de aquel reclamo que a la larga terminó independizando al Paraguay, se suicidó en la cárcel para no enfrentar al pelotón de fusilamiento.

Así terminaron sus días muchos los padres de la patria paraguaya. No se sabe dónde están sus restos. No están en el Panteón de los Héroes, donde deberían estar.

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