Sáenz Peña: Reencuentro de AMIGOS treinta años después

Cuando crecemos, nos separamos muchas veces de aquellas grandes amistades y no porque así lo planeemos, son circunstancias de vida (trabajo, matrimonio, cambio de residencia, etc.). Es dura dicha separación y por ende, hay que ser positivos y pensar que no será para siempre, es decir, siempre habrá el momento indicado para un encuentro.
Cuando uno menos se lo espera, las cosas aparecen y de pronto en muchas ocasiones nos toman desprevenidos, pero cuando se trata de algo bueno, más bien nos producen una gran emoción. Recordar grandes momentos con aquellas personas que compartiste tu infancia, verlos de nuevo, es una gran experiencia agradable y gratificante. Esa posibilidad existe con el paso de los tiempos.
Si por el contrario, hemos perdido “la pista de nuestro amigo”, no hay que desesperarse, hay que buscarlo por tierra, cielo y mar (gracias a las redes sociales, es posible ubicar a las personas), nunca hay que rendirse en la búsqueda de ese amigo, porque si en verdad nos aprecia, él o ella nos estarán buscando también. Hasta que pasan un par de años, uno se da cuenta de lo importante que son en nuestra vida, porque se vienen a la mente aquellas situaciones alegres y también las tristes que ocurrieron a lo largo de toda nuestra infancia, pero al final, esta convivencia solo va abonando para remembrarlas con el pasar de la época. Tenía ya un par años de no verlos, no saber qué había sido de su vida; hasta que un día, internet nos unió de nuevo: El whatsapp. Esta herramienta tecnológica nos reunió prácticamente, porque toda los amigos, estábamos conectados con dicha aplicación. Llegamos al lugar acordado para la reunión, y por cada uno que iba llegando, llevaba consigo aquella sensación rara pero bonita, la ilusión de reencontrarse con aquellos camaradas especiales y queridos.
Claro, todo lo lindo y sin palabras, también tiene un lado triste, los ya grandes amigos y compañeros que han muerto, es muy sentimental, pensar que ya no estarán entre nosotros. Pero la vida para los demás continuó, a pesar que ya estábamos más grandes de edad, aquel espíritu joven está intacto e inquebrantable y más fuerte que nunca. Las comparaciones no hicieron falta, porque ya no nos veíamos como en las fotografías de hace años, risas y admiración por lo que habíamos cambiado era el común denominador.

Al final, cominos, reímos, charlamos, lloramos y nos volvimos a ver de nuevo. Esta experiencia única de reencontrarte con amigos de la infancia después de muchos años, no se puede explicar con palabras, en mi interior quedó la gran satisfacción de ver a mis amigos ya en plena adultez, siendo madres y padres de familia ejemplares para la sociedad. Y estas nuevas fotografías tomadas en la reunión, serán las fieles y para siempre testigos de nuestra gran amistad. ¡GRACIAS AMIGOS!.

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